La tarde de ayer compartí con alumnado de primaria del C.R. A de Lozoyuela unos encuentros con motivo de la conmemoración del día del libro, mañana jueves 23 de abril.
Agradezco enormemente estas invitaciones que me hacen volver a la escuela, a entrar en las aulas y observar sus paredes decoradas como pruebas del gran trabajo que se está haciendo, las risas, el jaleo, las carreras, escuchar las reflexiones de la infancia que tanto me han enseñado a lo largo de los años y tanto me enseñan...
Ayer una niña me hizo una pregunta que nadie me había hecho y a la que no paro de dar vueltas:
Mayte ¿Qué historia de Carely te ha pasado a ti?
Rápidamente le contesté que todas las historias han sido vividas por mí, que por eso las escribí, que algunas sucedieron en el cole, que otras con mi familia, que incluso hay tres historias que están dedicadas a anécdotas de la infancia de mi hijo y mis dos hijas, que...
Ella me escuchó pacientemente hasta que dijo:
Yaaaaaa... pero yo digo si hay alguna historia en la que Carely eres tú cuando eras niña.
Me paré y dije que no y que realmente no le podía decir el porqué, quizás tenía mi infancia muy lejos, aún que quizás hubiera sido interesante. Le di las gracias por una pregunta tan especial.
Y hoy estoy aquí, con ese martilleo en mi cabeza y con la decisión de escribir para buscar respuestas. Escribir siempre me ayuda.
Carely representa para mí la ternura y la autenticidad de la infancia y he recreado en ella las vivencias amables, delicadas y los momentos de cariño y complicidad familiar.
Los episodios con temas más difíciles y con plena conciencia de ello, he hecho protagonistas a otros niños y niñas del aula y a personas adultas que no comprometían su espacio seguro, ni el de Emma su hermana, ni el del pequeño Yoye.
Ha sido mi forma de protección y de que ella siendo observadora nos sirviera para mirar la escena de otra manera.
Esta tarde frente al ordenador reflexiono y creo que eso sí es un reflejo de lo que recuerdo de mi infancia.
Mi yo adulta inventó a Carely y mi yo adulta quiso crear para ella un entorno feliz, que observara el mundo, que empatizara con el dolor ajeno, que reaccionara ante la injusticia, que amara a los animales, que fuera creativa, pero que tuviera un apego seguro y una manera amable de ir caminando los primeros pasos de la vida.
Carely es así porque ese es mi deseo para la infancia, una infancia feliz y vivida en paz.
Ahora, mi cuerpo me advierte de que eso no es todo, algo dentro me dice: no te quedes ahí, lo sé...
El capítulo de la muerte del abuelo no está directamente relacionado con mi infancia, pero sí con mis sentimientos directos en ese momento. Lo escribí cuando murió mi padre y aunque lo que relato en él no es real y está mezclado con otras anécdotas de peques que sufrieron la pérdida de un abuelo o abuela en el cole, Sí que siempre estará ligado a él, incluso la ilustración del mismo en la que Juan quiso que apareciera su retrato.
Seguramente vinieron a mi mente momentos infantiles, pero no tanto como vivencias adultas que me hicieron comprender y valorar como era de sincero su cariño.
Sin embargo mi infancia la recuerdo llena de silencio, soledad e inseguridad y esa no es la infancia que quería para Carely.
Mi mente no quiso mirar a mi infancia buscando inspiración y ahora pienso que si hubiese buscado en ese tiempo ya lejano, lo narrado no hubiese querido que fuera vivido por Carely, quizás serían "otras historias" que Carely difícilmente pudo haber observado.
Algunos de los relatos del libro me trajeron recuerdos duros de niños y niñas a los que no era justo que les pasaran ciertas cosas y cuyas historias se quedaron para siempre en mi alma, pero ciertamente mirar a las propias emociones infantiles no acompañadas es más doloroso.
Sigo reflexionando, sigo mirando hacia la niña que fui, con serenidad, sin culpas, como hago desde hace tiempo y hoy agradezco a esta niña que me interrogó sobre qué tiene de mí, Carely, que me haya hecho animarme a dejar por escrito lo que he sentido desde que me hizo esa pregunta.

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