jueves, 11 de junio de 2026

HISTORIA DE ANTERIORES SUEÑOS...: LA ESCUELA LAICA DE GUADALAJARA

   

    No hace mucho he conocido que hubo un tiempo en Guadalajara, la capital de la provincia donde vivo y he ejercido mi profesión durante tantos años, en el que se crearon aulas para formar ciudadanos libres de dogmas y escribo "ciudadanos" con total conciencia porque se creó sólo para varones, seguramente con el tiempo, si se le hubiese otorgado, para formar también ciudadanas.

   Quiero dejar aquí esta entrada, en este apartado del blog que es mi pequeña historia como maestra, ahora ya jubilada, primero porque escribir me sirve a memorizar y si olvido algún dato o algún nombre lo tendré fácil para buscarlo.

Siempre me fascinó esta parte de nuestra historia y  nunca dejaré de preguntarme: dónde habríamos llegado a nivel educativo en este país si una guerra fratricida y cruel no hubiese acabado con todo.

   En el corazón de una España que despertaba a la modernidad, surgió un proyecto revolucionario: la Escuela Laica. Bajo el paraguas del legado de Felipe Nieto y la brisa renovadora de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y de la Escuela Moderna de Barcelona de Ferrer i Guardia, este centro desafió las convenciones de su época. 

"La semana anterior inaugurase en esta ciudad la Escuela Laica
establecida en la calle Barrionuevo baja, en el edificio conocido 
vulgarmente por la casa de Belza."
Periódico Flores y Abejas
25 de octubre de 1903

   En septiembre de 1903, comenzó el curso escolar en la Escuela Laica. La educación era gratuita y, según Fernando Lozano (albacea de la herencia de Felipe Nieto), en el centro no se enseñaría:

"...otra doctrina que el amor a los padres, al trabajo, a la moral más pura, a la ciencia, al arte y el respeto y consideración a los demás seres racionales. En la escuela en proyecto, los niños estudiarán en el taller y en el campo la naturaleza y la vida, a la vez que en las clases los universales conocimientos indispensables para abrirse paso en el camino de la ciencia..."

   La escuela, como escribí  anteriormente se creó gracias al legado de Felipe Nieto, militar y político republicano progresista afincado en la ciudad. 

   El 15 de junio de 1885, este dictó su testamento en el que establecía que, cuando falleciese, se le entregasen a su hermana Juana sus propiedades y bienes y una vez fallecida ésta, todo el patrimonio se destinase a crear y sostener una Escuela Laica de primera enseñanza para varones en la ciudad de Guadalajara.  

   En 1902, a la muerte de Juana Nieto Benito, el único albacea vivo, Fernando Lozano, inició los trámites para la apertura de la Escuela Laica, adquiriendo la casa de los Belzas, en la calle del Barrionuevo Baja, 46 (hoy del Ingeniero Mariño, 42), un amplio edificio que tenía una extensa huerta y jardín.

Retrato de Tomás de la Rica
   Tomás de la Rica, pedagogo y político republicano nacido en Guadalajara en el seno de una familia progresista y de activa presencia en la vida política y cultural dirigió el centro educativo desde su apertura en 1903,  Desde entonces, la pedagogía más innovadora tuvo en nuestra ciudad uno de sus focos más activos y constantes.

   Con la llegada de la República en 1931, la Escuela Laica de Guadalajara vivió su momento de mayor esplendor. El nuevo régimen adoptó el laicismo como eje del Estado y vio en centros como este el modelo a seguir para la modernización de España.

    Durante estos años, la escuela no solo educó a menores, sino que sirvió como centro de difusión cultural para la ciudad.

    Los repetidos intentos de los sectores más conservadores y de los ámbitos eclesiásticos por clausurar la escuela no tuvieron éxito, la personalidad de Tomás de la Rica y el gran empeño de sus colaboradores fueron capaces de vencer todas las trabas y hasta que cerró en 1936 después de ser destruida por un bombardeo de la aviación franquista, en la renovación pedagógica del primer tercio del siglo XX y formaron a varias generaciones de alcarreños en un clima de exigencia intelectual y libertad personal.

   Al finalizar el conflicto en 1939, el nuevo régimen franquista inició un proceso de depuración del magisterio La institución fue clausurada y sus bienes incautados.

    El edificio y el modelo educativo fueron reemplazados por una enseñanza estrictamente católica y nacionalista.

   Muchos de sus maestros y maestras fueron represaliados o marcharon al exilio, silenciando una de las experiencias educativas más avanzadas de la Guadalajara del siglo XX.

   Tomás de la Rica al finalizar la guerra civil consiguió salir de España y refugiarse en Orán (actual Argelia) donde falleció en 1951.

   Algunas otras figuras destacadas relacionadas con la Escuela Laica fueron:

   Fernando Lozano Montes ("Demófilo"): Periodista y librepensador que colaboró estrechamente con Felipe Nieto para definir el carácter laico y progresista de la escuela desde su creación.

   Isabel Muñoz Caravaca: Aunque su labor fue más amplia en la provincia, fue una de las intelectuales y maestras más influyentes vinculadas al espíritu de la escuela. Feminista y pionera de la pedagogía moderna, defendió el laicismo y la educación de la mujer en una época hostil.

   Francisco Fernández Iparraguirre: Farmacéutico y lingüista local que formó parte de la vanguardia intelectual de Guadalajara que apoyó y nutrió el entorno cultural de la escuela.


   Durante los años en que estuvo en funcionamiento la escuela aplicó los principios de la ILE:

Manuel Cossio, Giner de los Rios y Ricardo Rubio
"No cabe promover el desarrollo de la inteligencia sin el de nuestras restantes facultades:

El ejercicio físico mejora las condiciones de una raza empobrecida.

El dibujo despierta maravillosamente el espíritu de observación y el amor por la naturaleza y el arte.

El canto inicia el sentido estético en la esfera más propia y familiar de la infancia.

Los ejercicios y juegos manuales educan para el aprendizaje técnico y dan rienda suelta a la tendencia plástica y creadora de la fantasía."

                                                  Francisco Giner de los Ríos

   A diferencia de las escuelas de "instrucción" del momento, el día a día aquí se centraba en la curiosidad de la infancia. 

   Sin libros de texto rígidos: El alumnado no memorizaban manuales. Cada cual creaba su propio "cuaderno de clase" (una práctica típica de la ILE y la Escuela Moderna), donde dibujaba y escribía sus descubrimientos diarios.

   La metodología era intuitiva y activa: En lugar de lecciones magistrales se fomentaba el diálogo. Se aprendía ciencia observando objetos reales y geografía analizando mapas y el entorno.

   La higiene y la salud eran aspectos muy importantes. Fue de los primeros centros en Guadalajara en integrar la educación física y la higiene como materias esenciales, cuidando que las aulas estuvieran bien ventiladas y soleadas, algo revolucionario entonces.

  El centro utilizaba herramientas modernas para la época, como proyecciones cinematográficas y se realizaban visitas a lugares históricos de la ciudad como el Palacio del Infantado., integrando la historia y el arte de la ciudad en la formación cotidiana.

    Para la Escuela Laica, el entorno de Guadalajara era el mejor laboratorio posible. Las salidas eran frecuentes y planificadas bajo el concepto de "clase-paseo"Siguiendo los postulados de Giner de los Ríos, el aprendizaje no se limitaba al aula; las salidas al campo y las visitas culturales eran parte esencial del currículo para fomentar el espíritu crítico. 

   Se exploraba el entorno. Se realizaban excursiones a parajes naturales cercanos (como las riberas del Henares) y visitas a talleres de artesanos o fábricas locales. El objetivo era que el alumnado entendiera el mundo real y el trabajo.  

   Y también, por supuesto al ser considerada una "escuela hermana" de la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia, también se fomentaban actividades que promovían la solidaridad y el pensamiento racionalista frente a la superstición.

“Demostrar a la infancia que mientras una persona depende de otra se cometerán abusos y habrá tiranía y esclavitud, estudiar las causas que mantienen la ignorancia popular, conocer el origen de todas las prácticas rutinarias que dan vida al actual régimen insolidario, fijar la reflexión del alumnado sobre cuanto a la vista se nos presenta, tal ha de ser el programa de las escuelas racionalistas.”

Francisco Ferrer i Guardia

    La historia de la Escuela Laica de Guadalajara no es solo la crónica de un edificio desaparecido. Es el testimonio de una ambición: la de una ciudad que, por unos años, se atrevió a imaginar que la educación podía ser el motor de una libertad real, sin dogmas ni miedos.

   Cuando en 1939 las puertas se cerraron y aquellos magníficos "cuadernos de aula" fueron sustituidos por clases magistrales, silencio y  castigo, no solo se perdió un centro educativo; se detuvo en seco un experimento de modernidad que situaba a Guadalajara a la vanguardia pedagógica de Europa. Sin embargo, su legado no quedó enterrado bajo los escombros de la guerra. Hoy, cada vez que un docente prioriza el espíritu crítico sobre la memorización, o cuando entendemos que el aula debe estar abierta a la naturaleza y a la vida, el espíritu de la Escuela Laica y de la Institución Libre de Enseñanza vuelve a respirar.


   Recordar esta escuela no es un ejercicio de nostalgia, es un acto de justicia. Porque la educación laica y científica que defendieron es la base sobre la que se asientan nuestras libertades actuales. Maestras y maestros que pertenecían a la ILE y a la Escuela Moderna sabían que no hay democracia posible sin personas capaces de pensar por sí mismas; una lección que, casi un siglo después, sigue siendo tan urgente y necesaria como el primer día." 

   


viernes, 5 de junio de 2026

LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA: INTENTOS DE MODERNIZACIÓN (2ª PARTE)

    Durante la II República española se llevo a cabo el intento más serio de modernización de la educación en España.


   La Institución Libre de Enseñanza (ILE) germinó en un entorno adverso, con la puesta en vigor del decreto Orovio. La fundaron algunos docentes al ser represaliados, como ya vimos en la 1ª parte de este capítulo, pero logró transformar la cultura española. 
   Se enfrentó desde su creación en 1876 y hasta el 1900 a la fuerte hostilidad de la Iglesia Católica y los sectores más conservadores y logró crecer y expandirse  gracias al apoyo de una red internacional de intelectuales y familias burguesas progresistas. 
   En el periodo comprendido entre 1900 y 1931 disfrutó de un momento de crecimiento de su prestigio y su influencia fue en aumento.
   El apoyo de la burguesía para la autofinanciación fue fundamental: Se constituyó como una sociedad anónima para evitar el control del estado. Contaba con accionistas ilustres y las familias del alumnado pagaban matrículas que sostenían los gastos diarios, también algunos filántropos con ideas liberales legaron terrenos y dinero en sus testamentos (Fue el caso de la escuela laica de Guadalajara como ya se vio en otra entrada de este blog) 
   Giner de los Ríos conectó la ILE con pedagogos de Reino Unido, Alemania y Francia consiguiendo el reconocimiento de la Institución  fuera de España blindándola contra cierres arbitrarios por miedo al escándalo internacional.
   Los profesores viajaban al extranjero para traer las últimas novedades científicas sin pedir permiso al Ministerio.  

   Se convirtió en el único lugar donde los profesores represaliados por el Gobierno podían dar clase y científicos e investigadores de primer nivel preferían la libertad de la ILE a la censura de la universidad pública.

   Las clases sociales altas, incluso las conservadoras, acabaron llevando allí a sus hijos e hijas por la altísima calidad educativa.
   Su éxito pedagógico demostró que un modelo laico y moderno era viable, llegando a inspirar la creación del Ministerio de Instrucción Pública en 1900
   Se crearon centros claves como la Junta de Ampliación de Estudios en 1907  que llevaría a crear  la Residencia de Estudiantes en 1910 y la Residencia de Señoritas en 1915, formo a mentes brillantes de la generación del 98 y del 27.
   La ILE desarrolló una estrategia a largo plazo, como no puede ser de otra manera al hablar de educación.  En lugar de buscar el poder político inmediato, se centraron en formar a las futuras élites del país. Al cabo de dos décadas se habían infiltrado pacíficamente, antiguos alumnos de la ILE ocupaban puestos clave en la judicatura, la medicina y la prensa y cuando los liberales recuperaron el gobierno, el Estado no pudo ignorar su éxito y acabó adoptando sus proyectos para modernizar España.
   Su máximo apogeo llegaría con la II República entre 1931 y 1936, las ideas de la ILE se convirtieron en la política educativa oficial del nuevo gobierno.
   Se crearon las misiones pedagógicas que llevó educación y cultura a pueblos aislados, además de impulsarse la construcción masiva de escuelas y la formación digna de los docentes. 
   Su metodología se basaba en la corriente filosófica del krausismo, buscando la formación de personas integras.
    Fue pionera en implantar la coeducación, aulas mixtas con alumnos y alumnas.
   Estableció el método intuitivo, eliminando los exámenes de memoria, los libros de texto rígidos y los castigos e introdujo las excursiones a la naturaleza, las visitas a museos y el deporte.

   Los personajes clave que impulsaron y dieron forma a esta institución fueron:

    Por supuesto Francisco Giner de los Ríos fundador y alma mater y principal figura de la ILE. Filósofo y pedagogo, fue el introductor del krausismo en España y el arquitecto de este modelo educativo que priorizaba la experimentación frente a la memorización. 

   Junto con él Nicolás Salmerón y Gumersindo de Azcárate fueron los iniciadores del proyecto. Nicolás Salmerón fue profesor y político, llegando a ser presidente de la Primera República.  Separado de su cátedra por defender la libertad de cátedra, al igual que Giner. Gumersindo de Azcárate fue jurista, historiador y político y uno de los baluartes intelectuales de la Institución.

   Manuel Bartolomé Cossío fue discípulo directo de Giner y figura esencial. Tomó las riendas de la ILE tras la muerte de su fundador y destacó por su labor pedagógica y su profundo amor por el arte y el excursionismo escolar. Junto con él, Hermenegildo Giner de los Ríos, primo de Francisco fue un activo pedagogo dentro de la Institución llevando a cabo un trabajo clave en la adaptación de metodologías europeas y en la promoción de la coeducación. Ricardo Rubio Álvarez de Linera fue pedagogo y profesor de botánica,  amigo inseparable y mano derecha de Cossío en el cuadro rector y administrativo de la Institución y el Museo Pedagógico Nacional.
   Santiago Ramón y Cajal: Premio Nobel, fue una figura capital muy ligada a la ILE y presidente de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), organismo creado para enviar a jóvenes intelectuales al extranjero. 
   María de Maeztu: Pedagoga fundamental, impulsó la Residencia de Señoritas, un organismo bajo la influencia directa de la ILE, con el objetivo de convertirse en el primer centro oficial en España destinado a fomentar y facilitar el acceso de las mujeres a la enseñanza universitaria y superior. Bajo su dirección este centro funcionó de manera ininterrumpida como el equivalente femenino de la Residencia de Estudiantes hasta el estallido de la Guerra Civil.
   Alberto Jiménez Fraud: Fue el director de la Residencia de Estudiantes, el gran punto de encuentro e intercambio de intelectuales. Bajo el amparo de la ILE y la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), Jiménez Fraud logró materializar el ideal del filósofo Francisco Giner de los Ríos: forjar un ambiente de libertad intelectual, excelencia científica y vanguardia artística que definió a la España de la "Edad de Plata"
   La Iglesia católica y los sectores conservadores vieron en la Institución Libre de Enseñanza (ILE) una de las mayores amenazas para la identidad nacional. Para el estamento eclesiástico, la ILE no era un simple experimento pedagógico, sino el emblema de la "escuela sin Dios" y el catalizador de la pérdida de la fe en España. 
   La Iglesia rechazaba tajantemente la neutralidad religiosa de la ILE. Sostenía que una educación que no situara a Dios y al dogma católico en el centro del aprendizaje era intrínsecamente inmoral y corruptora. 
   Intelectuales católicos y sacerdotes publicaron numerosos artículos en prensa condenando las escuelas laicas. Figuras clericales como Andrés Manjón fundador de las Escuelas del Ave María (modelo pedagógico católico creado expresamente para competir con la propuesta laica) lideraron encendidas protestas públicas calificando los métodos de la ILE como un "veneno" para la juventud y desde los altares se llegó a desaconsejar o prohibir directamente a las familias católicas llevar a sus hijos a la institución, bajo la advertencia de que ponían en riesgo la salvación de sus almas.
   La propuesta de la ILE de que niños y niñas compartieran espacios, excursiones y lecciones fue calificada por la Iglesia de "atentado contra el pudor" y las buenas costumbres.
   La Iglesia defendía el modelo memorístico tradicional y la disciplina escolástica. Las excursiones al campo, el deporte y la observación directa de la naturaleza promovidos por la ILE se percibían como una influencia "pagana" y descuidada.
    Para frenar el avance cultural de la ILE, la Iglesia impulsó con fuerza sus propias órdenes docentes (como los Jesuitas o los Agustinos) multiplicando la apertura de colegios católicos privados. El clero presionó constantemente a los sucesivos gobiernos de la Restauración para que mantuvieran la obligatoriedad de la asignatura de religión y la inspección eclesiástica en todas las escuelas públicas

    Lejos de entrar en el insulto o la confrontación directa de folletín, la estrategia defensiva de Giner de los Ríos y sus colaboradores se basó en el "silencio digno" y la superioridad metodológica. A través del BILE , su boletín oficial decidieron ignorar la provocación y contraatacar con evidencias científicas. 

   La consigna de la ILE fue no contestar a los insultos nominales ni a los libelos religiosos para evitar darles publicidad y legitimidad. Respondían publicando ensayos pedagógicos modernos, traducciones de Europa y crónicas de sus actividades y excursiones. Dejaban que los resultados educativos hablaran por sí mismos.

   Ante las acusaciones de "masonería" o "fábrica de ateos", el BILE reiteraba constantemente su principio estatutario: la institución no era anticatólica, sino neutra. Defendían que el respeto a la conciencia de la persona implicaba no imponer dogmas ni estatales ni eclesiásticos.

   Incluso tras el fallecimiento de Giner de los Ríos en 1915, cuando poetas como Antonio Machado le dedicaron elegías llamándolo "santo laico", los sectores integristas reaccionaron con opúsculos y hojas parroquiales indignadas. Para el catolicismo ultramontano, el concepto de un "santo" que no fuera católico era una blasfemia intolerable, por lo que publicaron textos recordando que Giner de los Ríos moría "fuera de la verdadera fe" y que su legado no era la luz pedagógica, sino "la oscuridad del error y la apostasía"

Francisco Giner de los Ríos en clase



      El relato de lo que pasó tras el golpe de Estado de 1936, la guerra civil y los terribles años posteriores de dictadura franquista quiero comenzarlo con una fotografía que realicé cuando visité en 2019 la exposición "Madrid, ciudad educadora (1898-1938). Memoria de la escuela pública" que fue una muestra histórica muy interesante organizada por el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Ángel Llorca y que se exhibió en el Museo de Historia de Madrid.



      
Al terminar la Guerra Civil en 1939, el régimen de Franco aplicó una política de "tierra quemada" cultural contra todo el legado institucionista:

    La ILE fue ilegalizada formalmente mediante la aplicación de decretos de incautación de bienes por considerarla opositora al nuevo Estado. Sus sedes (como los edificios del Paseo del General Martínez Campos en Madrid) fueron confiscadas y entregadas a organismos de la dictadura.  


   Se llevó a cabo un expolio artístico y documental: Se confiscaron archivos, bibliotecas y obras de arte. Como muestra histórica de este expolio, el retrato oficial Don Francisco Giner de los Ríos, niño  realizado por el pintor Manuel Ojeda fue arrancado de la sede de la ILE en 1940 por las fuerzas franquistas.

   Su restitución formal en 2024, 84 años  después a la Fundación Francisco Giner de los Ríos marcó la primera devolución de arte incautado por motivos políticos que ejecuta el Ministerio de Cultura español en aplicación de la Ley de Memoria Democrática, convirtiéndose en un símbolo.

   Hubo quema y censura de libros: Las obras escritas por Giner de los Ríos, Sanz del Río o Cossío fueron incluidas en las listas negras de la censura eclesiástica y gubernamental. Sus libros de pedagogía jurídica y social fueron retirados de las bibliotecas universitarias y escolares. 

   Se "depuraron" maestras y maestros: Las comisiones depuradoras no solo persiguieron las ideas, sino a las personas. Miles de maestros nacionales inspirados por la pedagogía de la ILE fueron fusilados, encarcelados o inhabilitados de por vida, bajo la acusación formal de aplicar métodos "marxistas, laicos y antipatrióticos"

    La purga, iniciada por la Ley de Depuración de la Enseñanza, afectó a casi un tercio del cuerpo docente. Cerca de 20.000 docentes sufrieron inhabilitación temporal o definitiva, suspensión de empleo y sueldo, o destierro a otras provincias. 

"La última lección del maestro"
Alfonso Rodríguez Castelao
    Investigaciones recientes basadas en bases de datos como Memoria Histórica han recopilado más de 564.000 expedientes de depuración en diferentes niveles educativos. No existe un censo único y oficial sobre el número de docentes que fueron víctimas de la represión mortal (ejecutados o paseados). Las cifras varían según la región.

   En la provincia de Guadalajara donde  vivo, las investigaciones históricas basadas en el análisis de las comisiones depuradoras arrojan los siguientes datos concretos sobre la purga ejercida contra el magisterio tras la Guerra Civil: 

   Se han analizado y documentado exhaustivamente 812 expedientes de depuración en la provincia, que engloban a 756 maestros y maestras en activo en ese momento y a 56 alumnos y alumnas de la Escuela Normal (futuros docentes). Debido a que Guadalajara quedó dividida en dos zonas durante el conflicto (nacional en el norte y republicana en el sur), la intensidad de la revisión fue muy estricta al acabar la guerra.
   De los expedientes procesados, un total de 191 personas fueron sancionadas (180 maestros y 11 estudiantes de magisterio). 
   Aproximadamente el 40% de los sancionados sufrió la pena más grave, siendo expulsados de forma fulminante y definitiva del cuerpo de maestros. El 60% restante de los castigados recibió sanciones de inhabilitación temporal, suspensiones de empleo y sueldo o traslados forzosos de localidad. 
   Para terminar esta 2ª parte de los intentos de modernización de la educación en España, una cita del historiador Josep Fontana que forma parte del prólogo del libro: Diccionario del Franquismo, protagonistas y cómplices (1936- 1978):
"Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestras y maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestras y maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros"