Ahí están en el salón, los zapatos, pulcros, esperando. Junto a ellos, para los Reyes, quizás algún dulce o algún licor... y para sus camellos, agua. Un gesto de hospitalidad que trasciende el tiempo, un ritual aprendido en familia de generación en generación.
Se susurran
deseos, se repasan mentalmente las cartas, y el corazón se hincha de emoción,
esa que sólo entiende la infancia (y las personas adultas que aún guardan un
pedacito de ella, que aún conservan esa la oreja verde de la que hablaba
Rodari).
Melchor, Gaspar y Baltasar, ya en camino,
son la personificación de la generosidad.. No solo traen juguetes; traen la
confirmación de que la bondad existe, Es la noche en que la estrella de Belén
no solo guía a tres magos, sino que ilumina cada hogar, cada ilusión, cada
sueño que se anida bajo las mantas.
Y al amanecer, cuando los primeros rayos
del sol despiertan a la casa, no solo llegan los regalos. Llega la risa, la
sorpresa, el abrazo agradecido. Llega la certeza de que, una vez más, esa alegría compartida se convertirá en recuerdos imborrables de momentos que sabe a
hogar.
¡Feliz Noche de Reyes!
Que la alegría y
la ilusión que traen los Reyes Magos perduren todo el año.

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