- Sustituir la rivalidad por la solidaridad: En lugar de premiar al "mejor", celebremos los momentos en los que se han ayudado mutuamente. La frase clave es: "¿Cómo podemos hacer esto en colaboración?".
- Validar el sentir de otras personas: La paz comienza por la empatía. Si un miembro de la familia del grupo del aula está triste o preocupado, compartir ese sentimiento, eso hace que desde la infancia se entienda que nadie es una isla.
- Modelar el diálogo: Los niños y niñas no hacen lo que decimos, imitan lo que hacemos. Si resolvemos nuestras diferencias con respeto y sin violencia verbal, les estamos dando las herramientas para que hagan lo mismo cuando se enfrenten a situaciones parecidas
- Cambiemos el "¿Qué has hecho mal?" por el "¿Cómo podemos arreglarlo juntos?". Esto fomenta la responsabilidad reparadora en lugar de la culpa destructiva.
- Cread "momentos de pausa". No se trata de estar callados por obligación, sino de disfrutar juntos de un minuto de respiración, de observar una vela o de escuchar los sonidos del entorno. La paz externa nace de una mente que sabe habitar el silencio.
- Involucrad a la infancia en tareas que beneficien a toda la familia o a la comunidad (preparar algo para un vecino, cuidar una planta común, donar juguetes). Sentirse necesario para el bienestar del grupo es el antídoto más poderoso contra el egoísmo competitivo
"Si la educación se viera como algo que ayuda a la vida, notaríamos que el fin último no es el éxito individual, sino la armonía colectiva".
“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz,
la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra.”
Es la ley de la semilla, lo que siembras, verás crecer,
siembra rivalidad, la guerra vas a tener.
“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz,
la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra.”
Es la ley de la semilla, lo que siembras, verás crecer,
siembra la unión, la paz vas a tener.
💕CANCIÓN💕
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