Antes de etiquetar como “rebelde" o decir: “seguro que tiene hiperactividad”, respira hondo y reflexiona.
La ciencia nos dice que lo que ves no es conducta, es pura biología.
Hay que conocer lo que la infancia necesita antes de hacer juicios
prematuros.
El sueño tranquilo es el mayor acto de amor y respeto que puedes ofrecerle a su cerebro. Cenar en calma, a una hora temprana y después ir a la cama, quizás acompañando con la lectura de un cuento, sin pantallas es ejercer una crianza responsable y consciente
No hay que buscarle diagnóstico, es estrés.
Solemos creer que cuando saltan en el sofá a última hora tienen
"mucha energía" y muchas familias se excusan diciendo: “¡Imposible
llevarle a la cama pronto, si a las once sigue teniendo ganas de dar saltos!”
La realidad es la opuesta: está al borde del agotamiento. Según un estudio realizado en Hospital San Joan de Déu: cuando a la edad infantil se pasan de su hora ideal, su cuerpo interpreta que debe mantenerse alerta por una emergencia y activa el sistema de supervivencia. No es falta de disciplina, es un organismo luchando por no apagarse.
La biología infantil es sabia y
abre una "ventana natural" de
sueño temprano, no basta con
pensar que duermen las horas
necesarias, tienen que ir a dormir
a "la hora necesaria".
El cerebro infantil funciona por
ventanas biológicas y no por
relojes sociales. Hay que prestar
atención a las señales (mayor
nerviosismo, irritación...), más
que imponer la hora exacta de ir
a dormir.
Según Asociación Española
de Pediatría (AEP), al caer la
tarde, los niveles de melatonina
suben para facilitar un descanso
profundo. Si forzamos esa ventana y la cerramos, perdemos el tren del sueño reparador.
Los niños y las niñas necesitan muchas más horas que las personas adultas porque su maquinaria está en
plena construcción.
Mientras duermen, el cerebro no se apaga; se pone el mono de trabajo.
Durante el sueño, el cerebro infantil:
- Se repara: Regenera tejidos y libera la hormona del crecimiento.
- Se organiza: Clasifica lo aprendido durante el día.
- Se desarrolla: Crea nuevas conexiones sinápticas esenciales para el futuro.
El peligro del cortisol
Si a estas edades tempranas pierden sus horas de sueño, su cuerpo entra en alerta y segrega cortisol (la hormona del estrés). Ese estado de hiperactividad a las 10 de la noche es, en realidad, un pico de cortisol intentando mantenerlo despierto a la fuerza. Es como si el cerebro estuviera en modo “lucha".
El problema es que se convierta en una costumbre
Que un niño se acueste tarde un día especial no es el fin del mundo. El problema real es la cronicidad. Como explica el instituto del sueño: años de cortisol nocturno interfieren directamente en las conexiones neuronales, afectando la memoria, el control de impulsos y la capacidad de aprendizaje. No es solo cansancio; es una interferencia en su arquitectura cerebral.
Según explica la neuropsicóloga clínica y pediátrica: Carina Castro Fumero, años de cortisol nocturno interfiere con procesos que deberían ocurrir durmiendo:
La consolidación de la memoria,
la regulación emocional
y la maduración cerebral.
Conclusión: Dormir temprano es respeto, no rigidez
A veces nos sentimos culpables por ser estrictos con los horarios, pero
enviar a la cama temprano no es rigidez
o autoritarismo. Es respeto profundo por su biología.
Asegurar que descansen es garantizar que su cerebro tenga las
herramientas necesarias para crecer sano, feliz y, sobre todo, en calma.


