sábado, 12 de enero de 2019

MENSAJE DE MI PARA MI


                          CAPÍTULO XI


   En el aula de Carely hay un buzón muy especial, es una caja de cartón que decoraron entre toda la clase. Hicieron dibujos que recortaron y que la profe fue pegando con cuidado de no tapar ninguno ¡Era muy bonito!

   Mirta hizo una abertura y pusieron un cartel: “MENSAJES DE AMISTAD”.

   Cada una o uno de de los alumnos podía dibujar o escribir un mensaje y al doblarlo poner el nombre de a quién iba dirigido, una vez por semana, más o menos, Mirta abría el buzón cuando estaban en la asamblea y leía los mensajes que luego entregaba a quién iba.

   Había veces que los mensajes los traían de casa y al llegar al aula lo introducían en el buzón, otras veces los escribían en algún momento de la mañana. A veces el interés por escribir un mensaje surgía tras un incidente en el patio o un desencuentro en el aula. Era una forma de “recuperar la amistad”, recordar lo que se querían y pedir disculpas.

   Hoy, había dicho Mirta que antes de salir al recreo leerían los mensajes del buzón y Carely estaba algo nerviosa y no por si tenía o no mensaje como otras veces. Había observado como su compañero Valentín había escrito algo en un papel y al doblarlo había escrito: VALENTÍN y lo había introducido en el buzón de los mensajes de la amistad.

 
 Carely no le había dicho nada aunque se había quedado algo desconcertada: “¿Un mensaje de Valentín para Valentín?” Aquello era una tontería y ella no estaba segura de que Mirta no se enfadara… Pero Carely sentía simpatía por Valentín y no quería contarle a su profesora lo que había visto antes de que ella lo viera y fuera inevitable.

    “¡Chicos, chicas vamos a recoger y nos sentamos en la alfombra!” En la clase se formó de repente el pequeño caos, así lo vería cualquier persona ajena a las rutinas del aula, que precede a que todo esté en su lugar y perfectamente colocado y la clase sentada en la alfombra en esta ocasión esperando para leer los mensajes antes de tomar el almuerzo y salir al patio.

   El primer mensaje era para Paula y se lo había escrito Ángela, tenía un bonito dibujo de dos niñas de la mano bajo un enorme arco iris y muchos corazones, estaba escrito el nombre de las dos y nada más. Paula lo recogió y le dio las gracias y un beso a Ángela.

   El siguiente mensaje fue para Pablo y se lo había escrito Sandra: “ME GUSTA SER TU AMIGA” decía y tenía dibujado algo que Sandra dijo que eran pajaritos.

   Y entonces Mirta sacó un mensaje y dijo: “Este es para Valentín.” Carely le miró rápidamente y antes de que la profesora lo desdoblara Valentín dijo: “Es de mi.” “Ya sé lo que pone, dámelo”.

   Mirta se quedó sorprendida, le había encantado que Valentín recibiera un mensaje, a decir verdad no los recibía nunca. Ella estaba algo preocupada por ello y ahora cuando él ha dicho que se lo había escrito a sí mismo no sabía muy bien que pensar...

   “¿No quieres que lo leamos como todos? Es lo que siempre hacemos.” Dijo la profe y Valentín con una amplia sonrisa dijo: “Vale, genial”.

   Mirta, despacio empezó a desdoblar el papel sin saber muy bien que se iba a encontrar y cuando vio el mensaje su cara se iluminó y leyó alzando la voz:

“¡Aúpa, Valentín!”

“¡Me encanta, Valentín!” – dijo y comenzó a aplaudir y Carely sin entender muy bien lo que había pasado, al igual que el resto de niñas y niños de la clase comenzaron a aplaudir felices mientras miraban sonriendo al protagonista y repetían: “¡Aúpa, Valentín!”

ANTES de gustar a los demás
 por lo que QUIEREN que sea,  
un niño o niña debe gustarse a SI mismo
 por lo que REALMENTE es.


   La autoestima es la conciencia de una persona de su propio valor es la sensación de aceptarnos como somos.

   El aprendizaje en la infancia depende en alto grado del desarrollo de su autoestima y de las buenas relaciones que establezca consigo mismo y con el mundo.

   Un niño o niña con una autoestima alta se siente seguro, competente y valioso y confía en sus propias posibilidades no dependiendo de la opinión de los demás. Conoce sus capacidades y aprende a aceptar sus errores utilizándolos para mejorar sin que le lleve a la frustración.
  
   La construcción de una buena autoestima asegura la felicidad y una vida auténtica en la que el yo interior y el yo exterior se encuentran en armonía y paz. Simplemente eres TÚ y eso no es mejor ni peor, pero nadie puede superarlo.

En lo que piensa,s te conviertes.
Lo que sientes, lo atraes.
Lo que imaginas, lo creas.

Este relato está basado en una anécdota de clase que le oí contar a Mari carmen Diez Navarro en unas jornadas de formación en la Universidad Autónoma de Madrid.



viernes, 21 de diciembre de 2018

"Y... QUIZÁS PORQUE ES NAVIDAD"


    Cuando se tiene la suerte de vivir la Navidad al lado de niños y niñas es prácticamente imposible no contagiarse de su ilusión, su felicidad y sus "nervios"...

   Independientemente de los sentimientos religiosos de cada cual la Navidad es espiritualidad y reconciliación con uno mismo y con los demás.

   La Navidad es una especie de "tregua" que los adultos nos damos para regresar por unos días a nuestra infancia. Pero no debe ser un regreso nostálgico sino de reflexión y reconectar con lo importante: EL TIEMPO Y EL CARIÑO, los dos bienes más importantes para la infancia. Aprovechad este tiempo para educar de otra manera, distinta a la del resto del año y quizá más efectiva. A estas fechas entrañables podemos sacarle mucho partido...

   Porque la Navidad es un tiempo mágico en el que disfrutar, pero también corremos el riesgo de que los niños y niñas pueden centrarse demasiado en si mismos, van a recibir muchos regalos y a veces están demasiado pendientes de lo que les "va a llegar" y no de lo que ellos "pueden dar", por eso se nos presenta una buena ocasión para trabajar este aspecto.

   Con un maravilloso cuento EL REGALO DE NAVIDAD de Christine Leeson, hemos aprendido como en estas fechas el corazón se vuelve más tierno y el alma se llena de generosidad. Y todo eso puede hacer que cosas que nos parecen sencillas brillen con una magia inexplicable...

   "Era la primera Navidad de la ratoncita Molly. El cielo estaba iluminado por franjas rosas y doradas, y la emoción se podía palpar en el ambiente.


   A través de la ventana de una casa, vio que algo brillaba y refulgía en la noche.
–Mamá, ¿qué es eso? –exclamó Molly, emocionada.
–Es un árbol de Navidad –dijo su madre–. La gente lo adorna con bolas brillantes, luces y estrellas.
–Ojalá tuviéramos nosotros un árbol de Navidad –suspiró Molly.
–¿Por qué no vas al bosque buscar uno? –dijo su madre–. Seguro que te quedaría tan bonito como ese que ves detrás de la ventana.
   A Molly le pareció una idea fantástica. Llamó a sus hermanos y hermanas, y juntos corrieron a buscarlo.
   Por el camino encontraron un granero, y los ratoncitos entraron en él para buscar algo con que adornar el árbol.  
   Bajo un gran montón de heno, Molly encontró una muñeca.
–Es como la que corona el árbol que vi por la ventana –dijo–. Es ideal para nuestro árbol.
   Pero la muñeca ya tenía dueño.
–Grrr! –gruñó el viejo perro de la granja–. ¡Es mía!
–¡No nos hagas daño! –suplicó Molly–. Yo sólo había pensado que la muñeca quedaría muy bonita en nuestro árbol de Navidad.
   El viejo perro bostezó. Lo cierto es que a veces cazaba ratones. Pero, quizá por ser Navidad o quizá porque se acordaba de los tiempos en que jugaba con los niños junto al árbol de Navidad de la granja, les prestó su juguete a los ratoncitos.
Los ratoncitos salieron de la granja con la muñeca y llegaron a la entrada del bosque.
–¡Mirad! ¡He encontrado otro adorno para el árbol! –gritó Molly.
   Era un lazo plateado que colgaba de una de las ramas de un roble. Molly se encaramó al tronco, agarró un extremo del lazo y empezó a tirar de él… pero el lazo pertenecía a una urraca. Lo reservaba para forrar su nido.
–Por favor, no te enfades –le rogó Molly–. Sólo quería un adorno para nuestro árbol de Navidad.
   Lo cierto es que, de vez en cuando, la urraca cazaba ratones. Pero, quizá por ser Navidad o porque ella también había estado admirando el árbol de Navidad de la ventana, soltó el otro extremo del lazo y Molly pudo llevárselo.
   Molly vio a lo lejos unas cosas rojas y redondas que brillaban en el suelo. Eran como las bolas que colgaban del árbol de Navidad de la ventana.
–¡Justo lo que necesitamos! –gritó Molly, mientras corría a coger una–. ¡Ya tenemos una muñeca, un lazo plateado y una bola brillante!
   Pero las bolas brillantes pertenecían a un zorro.
–Esas manzanas silvestres son mías –aulló–. Las estoy enterrando para tener comida en los fríos días de invierno.
–Nosotros sólo habíamos pensado que una de estas bolas quedaría muy bonita en nuestro árbol de Navidad –dijo Molly, temblando.
   El zorro la olisqueó. Lo cierto es que solía cazar ratones a menudo. Pero, quizá por ser Navidad o porque nunca había visto un árbol de Navidad, volvió a internarse en el bosque y dejó que Molly cogiera una manzana y se la llevara.
   Los ratoncitos siguieron caminando por el bosque mientras la noche caía. Allí, entre las zarzas de un arbusto, vieron una estrella brillante y preciosa y una docena de lucecitas verdes y doradas que destellaban.
–¡Estrellas para nuestro árbol! –gritó Molly–. Voy a cogerlas.
   Pero cuando la ratoncita se acercó al arbusto, no fueron estrellas lo que encontró… sino el collar de una gata, que parecía muy enfadada.
A su lado estaban sus crías, y los tres pares de ojos de los mininos brillaban en la oscuridad.
–¡Ay, madre! –balbuceó Molly–. Yo sólo quería algo resplandeciente para nuestro árbol de Navidad.
   La gata enderezó las orejas. Lo cierto es que siempre cazaba ratones. Pero, quizá por ser Navidad o porque recordaba el árbol de Navidad que había en la cálida casa donde había nacido, se quitó el collar y dejó que los ratoncitos se lo llevaran.
   Finalmente, en un claro en lo más profundo del bosque los ratoncitos encontraron un árbol grande y frondoso.


–¡Nuestro árbol de Navidad! –gritó Molly.

   De sus ramas colgaron la muñeca, el lazo, la manzana y el collar de la gata.
–¡Oh! –dijo decepcionada Molly, al acabar–. No se parece en nada al árbol que vi en la ventana.
   Los ratoncitos regresaron a casa, muy tristes y desilusionados, y se acostaron.
   A medianoche, Mamá Ratona despertó a sus pequeños.
–Venid conmigo –susurró–. Tengo algo que enseñaros.

   Molly y sus hermanos y hermanas salieron detrás de su madre, pasaron por delante de la granja y se internaron en el bosque.
   Otros animales se unieron a ellos y los acompañaron hasta lo más profundo del bosque.
   Finalmente, los ratoncitos llegaron al claro donde estaba su árbol. 
   Molly quedó petrificada. Sus ojos se abrieron de par en par y brillaron.
–¡Oh! ¡Mirad eso! –gritó.
   Durante la noche, todos los animales habían añadido más adornos al árbol. Ahora la escarcha lo cubría todo y lo hacía brillar.
El pequeño árbol resplandecía e incluso parecía que colgaran estrellas de sus ramas. La más grande y reluciente de todas coronaba el árbol.
–Nuestro árbol es mejor que el de la ventana –susurró Molly, feliz.


Y, quizá por ser Navidad, todos los animales se sentaron juntos y en paz a contemplar el árbol.
Fuente: Cuentos para crecer
   Animemos en casa esta Navidad a realizar actos generosos, actos que impliquen empatía y solidaridad y acompañados de la frase: "...quizás porque es Navidad." nos recuerden que todos y todas tenemos algo que ofrecer a los demás por sencillo que sea.


Cantamos a las familias

Y las familias cantan con nosotros y nosotras.

Escribimos a los Reyes Magos y les pedimos cosas para todos los niños y niñas del mundo.


 


 ¡FELIZ, 
MUY FELIZ NAVIDAD!










   

   

   


jueves, 20 de diciembre de 2018

LA SONRISA DE LAURA

 
    Había una vez una niña que se llamaba Laura y hace algunos años, estudiaba en un cole parecido a este.

   Laura era una niña feliz que disfrutaba mucho en el colegio y le gustaba mucho jugar y aprender. En el recreo hacía castillos de arena, jugaba en el tobogán o se divertía inventando aventuras con sus amigos y amigas. Lo que más le gustaba hacer a Laura era pintar.

   Y así pasó a primaria y siguió aprendiendo muchas cosas de matemáticas, de animales, del cuerpo humano, del universo, de la historia de los países, de música... pero a Laura lo que más le seguía gustando era pintar. Pintaba siempre que podía y nunca dejaba de sonreír.

   Y cuando se hizo más mayor en el instituto hizo nuevos amigos y amigas con los que empezó a olvidar algunos juegos e interesarse por otros y por nuevas aventuras. Cada vez había más gente que quería a Laura y no era nada raro, su sonrisa transmitía bondad y felicidad. Pero Laura nunca dejaba de ¿Sabéis de qué? ¡Claro, de pintar! Cada día que pasaba le gustaba más y sus dibujos eran realmente bonitos.

   Llegó el momento en que Laura se tenía que ir a estudiar a la Universidad y encontró en una ciudad preciosa un sitio donde la enseñarían todo sobre el arte y la manera de convertir todos sus sueños en realidad convirtiéndose en una pintora. Pero hay que estudiar mucho para eso y Laura lo hizo durante algunos años.

   Ya sabía mucho y sus pinturas eran muy apreciadas. Laura era ya una chica mayor llena de seguridad y ganas de vivir, se sentía enormemente feliz y sonreía.

   Entonces pensó que quería enseñar a niños y niñas a cumplir su sueño como ella, a  acompañarles para creer en que "sí se puede" como esa canción de El Kanka que recordamos tantas veces en clase y quiso ser profesora.

   Pero ser profesora no es fácil, hay que encontrar un cole para dar clase y para eso Laura tenía que volver a estudiar mucho, mucho y ¡Lo hizo!

   Un día sonó el teléfono de Laura y alguien al otro lado le dijo: "Tenemos un cole para ti pero esta un poco lejos de tu casa."

   Laura sonrió más que nunca, hizo su maleta, metió todos sus colores, sus pinceles, su ilusión, su empuje mientras no dejaba de sonreír pensando en los niños y niñas que se iba a encontrar. Estaba un poquito nerviosa por la nueva aventura que emprendía pero este sí que era el sueño de los sueños y estaba a punto de cumplirse.

   Y llegó a su cole y conoció a otros profes y conoció a sus alumnos y alumnas que en seguida se enamoraron de su sonrisa y encontró una casita para vivir en un pueblecito donde se sentía inmensamente dichosa.

   Pero, sabéis que a veces en los cuentos, en las pelis, en las historias existen los malos. Y apareció uno.

   Este malo vio a Laura y quiso su sonrisa y sus manos que sabían dibujar tan bien y sus ganas de ser profe... y los malos no piden las cosas, las quieren coger por la fuerza.

   Laura le dijo que NO le daría su sonrisa, que NO le daría sus manos... pero el malo, que sabía perfectamente lo que significaba la palabra NO, era de esos malos que existen que cuando la dice una chica no la comprenden, no le dan valor. Ellos cogen lo que quieren y punto.

   Y Laura dijo que NO mil veces, y ya no sonreía estaba enfadada y también tenía miedo...






¡NO!






   Y cuando se quedó sin fuerzas para decirlo más, aquel malo le quitó la sonrisa a Laura.

    Y ahora ha desaparecido pero yo estoy segura que si ve allí donde esté, a niños y niñas como vosotras que disfrutáis de sus pinturas, que decoráis   sus dibujos y creyendo en que SÍ que podéis, que podéis ser quien os de la gana de ser. Si sabe que todos los niños han llegado a comprender que el NO de una niña significa lo mismo que el NO de un niño, lo diga donde lo diga, tenga la edad que tenga, sea la hora que sea... Laura recuperará su sonrisa.




 
   Hoy hemos vivido un momento intenso mis pequeños soñadores de un mundo Ubuntu y yo.

   Así es más o menos como hemos contado la historia. Sin los matices desgarradores, profundamente crueles que se nos han clavado con tanto dolor en el alma.

   Los niños y niñas no deben conocer lo que ni siquiera los adultos llegamos a comprender pero no es malo intentar acercarles aquello que está en el pensamiento de todos estos día y que sin duda lo oyen de una u otra manera.

    Creo que no todos los cuentos tienen que tener final feliz, la vida a veces no lo es; y no es bueno dejar a los niños y niñas al margen de la vida.

   Pero sí quería dar a la historia un final esperanzador, porque se lo merecen, porque se merecen creer en que el mundo será más justo porque serán ellos y el as los que lo vayan consiguiendo, los que lo hagan. De ahí nuestra responsabilidad como educadoras de que sepan cuales son las injusticias y como hacer que desaparezcan.

   Este es el por qué de nuestra felicitación de Navidad en la que hemos hecho un homenaje a Laura Luelmo, a su sonrisa y a sus ganas de vivir.



   La idea de hacer esta actividad parte @lorena_solynubes una compañera que sigo en Instagram y que había realizado estas felicitaciones y que a su vez cuenta que sacó la idea de @maestramotivada que también lo hizo con sus peques. Gracias a las dos.
   

miércoles, 5 de diciembre de 2018

DÍA DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD


   Durante los tres días que ha durado esta "corta" semana hemos realizado actividades encaminadas a sentir que todos y todas somos valiosos en nuestra forma de ser y sentir diferente.

   Si el curso pasado el cuento que elegimos fue:


   
 


    Este año hemos elegido LOLO UN CONEJO DIFERENTE, un cuento de Guido Van Genecheten y que cuenta la historia de Lolo, un conejo diferente al resto pues tiene una oreja caída.

    Los demás siempre se ríen de él y Lolo intenta, sin éxito, que su oreja esté recta. Un día Lolo decide ir al médico y este le dice que todas las personas tienen orejas diferentes y que las suyas son tan buenas como las de los demás. Entonces Lolo se siente mucho mejor y propone un juego a sus amigos.

   El profe Matías ha sido el encargado de narrarlo en clase y nos ha gustado muchísimo.

   Se ha traido a LOLO a clase que ha resultado ser un conejito suave y súper entrañable.







   También hemos preparado nuestra pancarta para la celebración con todos los demás niñas y niños del cole, que tiene mucho que ver con una canción que hace tiempo aprendimos... de EL KANKA 

¿Recordáis?






   Y el día 5 todo el alumnado del colegio nos unimos para cantar y no olvidar nunca estos mensajes.


 


viernes, 30 de noviembre de 2018

SEGUIMOS CON NUESTRA AVENTURA ENTRE DINOSAURIOS

   Según han ido pasando los días nuestra clase se ha visto invadida por toda clase de dinosaurios...



   Grandes, pequeños, carnívoros, herbívoros, voladores, nadadores...

   Y jugamos con ellos de todas las maneras: de la forma más tierna convirtiéndolos en adorables papás y mamás que cuidan de sus pequeños, haciendo un parque jurásico o haciendo peleas.



   El miércoles de la semana pasada Carmen trajo ¡Un huevo de dinosaurio! y Micaela, que todavía no sabemos cómo se enteró que Carmen lo iba a traer, nos contó que había hecho un largo viaje para traer ¡Otro! Carmen le explicó que ella lo había pedido con el teléfono de su mamá y que no había hecho ningún viaje. Nuestras marionetas aún no saben mucho de las ventajas de la modernidad.


   Teníamos que esperar unos días para que nacieran los dinosaurios y la sorpresa sería qué tipo de dinosaurios iban a nacer. Nosotras y nosotros ya sabemos que no se puede ayudar a un bebé a salir del huevo porque eso lo mataría y tendremos que ser pacientes, pero no sabíamos si todas las personas que entraran en clase lo serían de manera que hicimos un cartel.





   Cada día observábamos nerviosos los avances en nuestros nacimientos.


     Hasta que por fin una mañana...


¡Habían nacido! Un pequeño Stegosaurio y un bebé Triceratops.

   Día a día vamos teniendo de todo, enormes Tiranosaurios terribles.

 

   O simpáticos Tiranosaurios.


   Dinosaurios muy pequeñitos...


   Posiblemente como ese cuyo fósil ha sido descubierto hace poco en Corea:


   Esteban y Natán han hecho  un bonito trabajo para diferenciar los dinosaurios herbívoros de los carnívoros.


   Y con tantos" fósiles" de dientes que encontramos en el patio hemos hecho una boca de cada uno para ver la diferencia de colmillos puntiagudos de los carnívoros con los dientes planos de los herbívoros.

   Algunos nos hemos lanzado a llevarnos nuestras propias bocas con todos los "fósiles" que encontramos.


   Iván ha hecho un dinosaurio de arcilla que había hecho una caca.


   Las cacas de los dinosaurios son muy importantes.


   Nos encanta jugar a hacer huellas y observar sus diferencias. De sus patas o de dinosaurios enteros:
"¡Mayte, mira voy a hacer la huella de como se quedó este dinosaurio cuando cayó el meteorito!"


      Aprendemos unos de otros con todo lo que investigamos con la familia y luego se lo contamos a los amigos y amigas de clase:





¡¡Julia ha encontrado a Mary Anning en su libro "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes"!!

Rodrigo ha ido con su familia a una extraordinaria exposición en Madrid en la que ha aprendido muchas cosas para compartir en clase.











   ¡Y todo lo que nos queda aún por conocer!


Si quieres ver nuestro proyecto desde el comienzo ves a este enlace: