sábado, 29 de julio de 2017

¡ME DUELE MUCHO!

CAPÍTULO V

   Carely tenía un amigo en la clase que no era para ella como los demás, era un compañero por el que sentía un afecto especial.

   No sabía por qué se le quedaba mirando como tonta cuando este contaba algo y muchas veces elegía, si podía, sentarse a su lado. Admiraba como se colgaba de lo más alto del tobogán sin ningún miedo, le parecía… ¡Tan  fuerte!

   Pero, además, Carlos, que así se llamaba, solía ser amable con ella y eso le gustaba… le hacía sentir  bien, le hacía sentir feliz cuando se fijaba en ella.

   En el recreo pocas veces jugaba con él,  sus preferencias eran bastante diferentes y cada uno se divertía a su manera.

   Ese jueves de comienzos de invierno en el patio Carely estaba jugando con otro par de amigos a dibujar con unos palitos en la arena y se habían lanzado a escribir sus nombres. La arena estaba perfecta para ello porque hace dos noches llovió bastante.

   Sin saber ni cómo ha sentido un pie sobre su manita, alguien ha pasado corriendo persiguiendo a un amigo y posiblemente no se ha dado ni cuenta pero Carely al levantar la mirada ha podido ver que había sido Carlos el que la había pisado y seguía corriendo alegremente. Por un instante se ha quedado mirando muy fijamente.

   Después se ha levantado y ha corrido hacia Mirta llorando y repitiendo sin parar  – “¡Ay, me duele! ¡Me duele mucho!” –

   Mirta, cuando ha llegado hasta ella le ha pedido que le explicara lo qué había pasado – “Me ha hecho daño” – Le contó Carely – “Carlos ha pasado y me ha hecho daño ¡Me duele mucho!  Corría muy deprisa…”

   La profe examinaba la mano de la niña con atención sin ver nada importante y le preguntó – “Pero, Carely ¿Dónde te duele? ¿Alguno de los dedos? ¿Este, a lo mejor? ¿La manita...?” – sin que la pequeña parara de llorar.

   Entonces dijo – “Te voy a poner una tirita ¿Vale?” – Después del agua que es el remedio por excelencia para “curar” infinidad de cosas en el cole como enfados, pequeños golpes, berrinches… Bebe un poquito de agua, esa es la frase mágica que utilizada por una profe en un momento preciso es realmente eficaz. Pues las tiritas le van casi a la par… 

   A Carely le pareció una idea estupenda y su llanto comenzó a parar,  se fue quedando más tranquila mientras Mirta sacaba una tirita de la clase.  -“Ahora me tienes que decir dónde te duele exactamente para que te ponga la tirita en el sitio indicado, Carely”- le dijo  Mirta mientras quitaba el envoltorio de aquella tirita de colorines.

   Carely empezó a mirarse su mano por arriba y por abajo mientras movia despacio sus deditos y ya sin llorar dijo bajito – “No me ha dicho ni perdón…” y siguió observando su mano.

   Mirta había terminado de retirar el papelillo del envoltorio y volvió a preguntar – “Venga, a ver ¿Dónde te duele más? ¿Dónde te la pongo?”-


   Carely dejó de mirar la mano y comenzó a levantarse la sudadera y la camiseta hacía arriba todo lo que pudo – “¿Me la puedes poner aquí? ¿Puedes ponérmela en el corazón?” –


   La profe sonrió y con cuidado pegó la tirita en el pecho de Carely – “Me han dicho que esta tirita es una de las mejores para los dolores de corazón.” -




Los niños  APRENDEN

 la inteligencia emocional 

en la VIDA REAL

   Esta frase de Daniel Goleman, el gran psicólogo estadounidense, deja bien claro que podemos plantear múltiples actividades para trabajar con los niños la gestión de las emociones, pero es la vida real la que realmente les enseña.

    Saber aprovechar las situaciones cotidianas, los pequeños conflictos, las vivencias con los iguales para ayudarles a echar una mirada al interior y observar cuales son los sentimientos que se  despiertan o las emociones que les ha provocado. Intentar ponerle nombre para saber reconocerla más adelante es crucial para el correcto desarrollo emocional en la primera infancia.

Dedicado a Carmen y su dolor de corazón

sábado, 22 de julio de 2017

¿DÓNDE ESTÁ CARELY?

CAPÍTULO IV

   Este sábado a Carely le esperaba un intenso y feliz día en el Parque de Atracciones. Sus papás les habían prometido que se quedarían hasta la noche y verían los espectáculos de luz y sonido. Carely y sus hermanos estaban súperemocionados. Aún no hemos hablado de  sus hermanos ¿verdad?

   Carely tiene dos hermanos una  mayor, Enma, que tiene 6 años y ya ha pasado a primaria y un hermanito pequeño, Yoye, que está a punto de cumplir dos años y habla con una lengua de trapo muy graciosa.

   Enma es algo tímida y se parece mucho a Carely físicamente, se llevan bastante bien y se divierten y juegan frecuentemente  juntas. Aunque en algunos momentos puedan saltar chispas entre ellas, sus enfados no duran mucho.

   Estaba ya atardeciendo y toda la familia ya había disfrutado muchas horas de las divertidas atracciones antes y después de comer. A Carely y su hermana sobretodo les había fascinado montar en esas ruedas que iban tan rápido por el agua, "Los Rápidos”, se habían mojado un montón, el día invitaba a ello y habían repetido hasta tres veces.

   Ahora estaban buscando un lugar donde tomar algo fresco y merendar e iban charlando animadamente mientras papá ya había cogido a Yoye en brazos ya que era él había comenzado a dar algunas  muestras de cansancio.

   De repente la mamá miró alrededor y dijo – “¿Dónde está Carely?” –

   Todos se pararon y comenzaron a observar a un lado y al otro y en segundos Enma dio el primer grito –“¡Carelyyyyy!” –


   El papá intentó poner calma diciendo que no podía estar muy lejos, siguieron llamándola pero pasaron algunos minutos y se empezaron a poner nerviosos.

   El papá puso a Yoye sobre los brazos de su mamá e indicando que no se movieran de allí se dirigió a uno de los puestos donde hay personas encargadas del Parque para que dieran el aviso y lo dijeran por los altavoces del recinto.

   Cada vez estaba un poco más anochecido y Enma comenzó a llorar – “¿Dónde está, mamá? ¿Por qué no aparece?” –  mientras su madre intentaba tranquilizarla.

   Personas que les estaban observando se acercaron para intentar ayudar  y tras una pequeña descripción de la niña por parte de sus padres se repartieron por diferentes lugares para intentar encontrarla.

   Tras treinta amargos minutos más o menos vieron llegar algo lejos a un vigilante de las instalaciones con Carely de la mano, esta se había despistado un momento mientras caminaba con su familia mirando como unos chicos se ponían perdidos con un enorme algodón de azúcar  y cuando se quiso dar cuenta ya no sabía hacia dónde se habían dirigido y había comenzado a dar vueltas y vueltas desorientada.

   Cuando su madre la vio salió corriendo hacia ella y comenzó a gritar enfadada  – “¿Dónde te habías metido? ¡Siempre vas despistada! ¡Te lo he dicho cientos de veces y al final, mira lo que ha pasado! ¡No sabes…!” –

   Carely todavía sin soltar la mano del vigilante y  reflejando en sus ojos  ese brillo que dan las lágrimas que aún no se atreven a salir, dijo bajito  – “¡ Tranquila mamá … yo también me he asustado” –

   Su madre la abrazó con fuerza y comenzaron las dos a llorar.


Educar en la AUTENTICIDAD

 no significa querer niños y niñas perfectos

 si no que estos aprendan a EXPRESAR,

a través de sus acciones

 lo que REALMENTE sienten y piensan.


   Son muchas las ocasiones en las que los niños nos demuestran el infinito amor que nos profesan  siendo capaces de ver más allá de las actitudes que les mostramos. 

   Mostrarnos auténticos con ellos, a veces con nuestras debilidades, no es malo si después conversamos con ellos sobre lo ocurrido y les ayudamos y nos ayudamos a nosotros mismos a sacar los aprendizajes positivos de cada experiencia.

   ¿Qué es mejor mostrarnos cómo el adulto perfecto que siempre “da lecciones para que aprendan” o mostrar nuestras emociones de forma sincera y real ?

Dedicado a Manuel y a su mamá.

sábado, 15 de julio de 2017

LA RABIA DE BERTA

CAPÍTULO III

   El momento de entrar en el aula por la mañana después de que Mirta, su profesora, le diera los sonrientes “Buenos días” y siguiera saludando uno por uno a los que iban llegando era uno de los que le gustaban a Carely. Mientras intentaba dejar del derecho las mangas de su abrigo y algún otro luchaba contra esa cremallera imposible que siempre se atasca, hablaban y comentaban lo que habían traído de almuerzo, admiraban la camiseta nueva de ese que la estrenaba hoy y otro mostraba orgulloso los últimos cromos que le habían comprado…
   Poco a poco iban tomando su lugar en la alfombra y al llegar Mirta con ellos se callaban para empezar las rutinas de la jornada.
   Hoy estaban hablando sobre lo importante que es cuidar los árboles y la naturaleza en general, que gracias a ellos nuestro aire es puro y podemos respirar y estaban aprendiendo el nombre de algunos clasificándolos en a los que se les caen las hojas ahora en otoño y a los que no.
   Berta no dejaba de dar golpes con la cabeza en la pared y cuando la profe le decía que parara comenzaba  a hacerlo con los pies en el suelo. La verdad es que Carely ya había observado que Berta había tardado en colgar su abrigo y dos o tres veces lo había tirado al suelo hasta que, por fin, había ido hacia la alfombra.
   De pronto Berta se quitó los zapatos y los lanzó a lo alto, Martín ha cogido uno y cuando se lo ha ido a dar Berta esta le ha pegado en el brazo con él – “¡Déjalo ahí! ¡Es mío!” – Le ha gritado y se ha puesto a llorar y patalear.
   Mirta le ha dicho que eso no estaba bien, que estaba molestando a todos los amigos y amigas. Carely pensaba lo mismo, Berta se estaba portando muy mal y les estaba molestando a todos.
   La profe le ha dicho que se fuera un ratito fuera de la alfombra y que podía regresar cuando decidiera que ya se iba a comportar de manera que no interrumpiera al grupo pero Berta no paraba de llorar y gritar – “¡No, no, no, no quiero!” –
   Entonces la profe Mirta, muy bajito le ha dicho – “Anda, Berta, ven aquí.” –
   Berta se ha levantado y cuando ha ido hacia donde estaba sentada Mirta esta ha abierto sus brazos, Berta se ha echado hacia ellos y se  ha abrazado fuertemente. La profe ha hecho lo mismo y mientras Carely y los demás esperaban mirando para ver qué pasaba notó que Berta ya lloraba más bajito, que Mirta le acariciaba con dulzura su espalda y que por alguna razón ella ya tampoco estaba contrariada por el comportamiento de Berta.
   Mirta preguntó – “¿A quién le toca colocar el próximo árbol en su sitio?”

Carely observó y se miró por unos segundos en los ojos de su profe Mirta y comprendió que ella no lo entendía muy bien, pero: “la profe sabe más…”

Tendemos a creer que el PROBLEMA del niño es la ACTITUD sin pararnos a pensar que EMOCIONES y SENTIMIENTOS está disfrazando.

   Un niño puede experimentar rabia y expresarla al ver limitada su capacidad de acción, su necesidad o como forma de mostrar su “no entendimiento” de lo que sucede alrededor.
   El problema es que  expresar sus emociones de manera violenta y rabiosa está mal visto. La mente del niño está en desarrollo y no tiene las herramientas necesarias para controlar esas emociones, por lo que, en la mayoría de las ocasiones, se ven invadidos por ellas y por lo que eso conlleva. 

   Hay niños que al estar tristes no hablan, se rinden a la tristeza y todos comprendemos lo les pasa. Sin embargo a los que se enfadan con su tristeza y atacan porque tienen miedo de ser atacados, nadie les entiende. Atacan y se les ataca y eso va haciendo cada vez más grande su tristeza y también su enfado. Les aislamos y ellos se sienten cada vez más solos, más tristes y más enfadados.

   Los adultos, sin querer, enviamos este mensaje a la mente del niño: “No es bueno que expreses tu rabia” y entonces aparece el miedo a sentir rabia, y la frustración de no poder expresarla. 

   Muchos de nosotros estamos limitados emocionalmente y solo podemos permitirnos aflorar sentimientos aceptados o “bien vistos” en nuestro entorno familiar y social. Esto confunde a los niños. 

   Enseñemos a los niños a manejar sus emociones.

Dedicado a Bernardina y su rabia.

sábado, 8 de julio de 2017

CARELY Y SU AMIGA MARÍA

   CAPÍTULO II

   Hoy es el primer día de la semana, es lunes. El lunes es un día bonito para Carely, es el día en que se reencuentra con sus amigos y amigas del cole tras dos días divertidos vividos con su familia.

   Los lunes le encanta llegar a la asamblea contar sus noticias y escuchar las noticias de los demás, a veces lo que cuentan sus amigos y amigas le dan ideas de cosas que hacer y en ocasiones regresa a casa diciendo por qué no hacen un viaje a tal sitio para ver ciervos como tal amigo o por qué no van a bañarse a un río con muchas piedras como aquel otro…

   A los papás de Carely no les gustan los lunes, siempre les oye decir:
-          “Otra vez lunes”-  con cara de enfado y desgana – “¡Qué pronto se acaba lo bueno!” –

   Ella no entiende el por qué y sus papás le dicen que ya lo entenderá cuando sea mayor, así que Carely no piensa más en ello: A ella le gustan y ya está. 

   Esta mañana parecía que iba a llover pero al final a lo largo de las primeras horas ha comenzado a salir el sol y se ha quedado una mañana de otoño radiante.

   Mientras Carely jugaba con María, una compañera de clase, a hacer collares con unas cuentas que tenían diferentes formas de objetos del mar: conchas, caracolas, peces…han pensado que sería divertido jugar en el patio de recreo a ser sirenas. Han discutido un poquito para ponerse de acuerdo sobre quién sería Ariel pero al final han decidido que las dos serían Ariel.

   Han disfrutado enormemente jugando juntas, han “nadado” por todo el patio y han danzado por la arena. Se han reído muchísimo intentando bailar sin separa las piernas como si tuvieran cola y se caían o tiraban a adrede  al suelo muertas de la risa.

   A la salida, de regreso a casa Carely va narrándole a papá su jornada en el cole:

-          “¡Qué bien me lo he pasado jugando con María! Éramos sirenas y…” -

   Su padre le interrumpe con aire pensativo - “¿María? No sé quién es María” -

-          “María, mi amiga del cole” – contesta rápidamente Carely y continua – “cuando nos tirábamos a la arena nos daba un montón de risa, y…”

-          “¡Ah!” – dice de pronto otra vez su padre interrumpiendo – “María, la niña chinita de tu clase.”


-          “No.” – dice Carely con extrañeza mirando a su padre – “Sólo: María.”- y continua alegremente contándole a su padre el divertido juego con el que las dos amigas han pasado un recreo tan especial.

Los niños y niñas
 aceptan LA DIVERSIDAD 
como algo natural.
 NO hay que enseñarles.



   A esta edad, aunque los niños y niñas normalmente se identifican claramente a sí mismos y a otros como varones o hembras, aún no lo hacen por raza. Todavía no son capaces de categorizar de esta manera. Un niño que advierte una diferencia en el color de la piel no comprende la diferencia entre una raza y otra y menos aún le dan un rango social.


   Los niños observan las reacciones de los padres, de los adultos para aprender valores morales y aprenderán de nuestras acciones además de aprender de nuestras palabras.


   Al igual que con otros temas, poco a poco irá mostrando interés y empezarán a hacer preguntas. Según respondamos a su curiosidad los niños podrán ir asimilando la riqueza tan grande que nos aporta la diversidad no sólo la de razas, también la de ideas, la de creencias, la de costumbres…

Dedicado a Leo Ropero Rodríguez y a su mamá.

sábado, 1 de julio de 2017

CARELY Y LA NIÑA TRISTE

CAPÍTULO I

   Carely tiene cuatro años, no los ha cumplido hace mucho, invitó a unos poquitos amigos y amigas a merendar en casa y luego jugaron toda la tarde. Le cantaron cumpleaños feliz y aún se sonroja un poco al recordarlo pero ¡Se sentía tan dichosa! Sus papás le habían hecho una tarta de fresas, la que a ella más le gusta y todos lo habían pasado genial.

    Carely es menudita para su edad aunque un poquito regordeta. Tiene unos ojos castaños que brillan de una manera intensa cuando observa todo cuanto le rodea y que se detienen en los pequeños detalles y acontecimientos que ocurren a su alrededor de una manera muy especial. 

   En algunas ocasiones Carely no dice nada, mira y mira, analizando en su interior pero otras veces puede volver con sus preguntas realmente locos a los que tiene cerca.

   Hoy había ido mamá a buscala al cole y ahora están terminando de comer. Su mamá ya está recogiendo mientras Carely acaba la manzana que se está tomando de postre.

-          “Mamá hoy una niña estaba triste en el cole.” -  comenta de repente.

-          “Ah! Sí...” - Su madre contesta sin nada de entusiasmo mientras está metiendo las cosas en el lavavajillas. Hoy ha tenido un día cansado en el trabajo, bueno como casi todos y está deseando terminar para sentarse un ratito frente a la tele y descansar.

-          “Es importante que alguien esté triste ¿verdad mamá?” – insiste Carely.

-          “Claro, claro…Carely” – dice su madre con desgana mientras recoge un pequeño trozo de piel de manzana que su hija ha dejado caer sin querer mientras llevaba el plato hacia la encimera.

-          “Entonces ¿Por qué no te preocupas?” – Ahora el tono de Carely se ha tornado algo más inquisitivo.

-         “Porque no la conozco y además, cariño, seguro que ya no lo está.” – Su mamá le sonríe, ha terminado de recoger y sólo le queda dar un barrido rápido antes de reposar y recuperar fuerzas.

-          “Si te hubiera preocupado te contaría quién es. Es Rocío, lleva siempre unas deportivas muy chulas de color verde, sabe pintar mariposas muy bien y me gusta jugar con ella en el arenero a hacer albóndigas. ¿Cómo sabes que ya no está triste?” – Ahora Carely parece un poco contrariada y su gesto hace adivinar que  no está contenta.

-          “Pues, Carely porque ha pasado mucho rato desde que habéis salido del cole y ya estará en su casa…” – Su mamá contesta paciente e intentando poner  cariño en sus palabras.

-          “¿Cuánto rato dura la tristeza, mamá?” – vuelve a preguntar mientras se para camino del salón.
-          “Pues depende, Carely, si es algo muy importante puede durar mucho tiempo, si es una tontería pues se pasa en seguida.”

Entonces Carely fija los ojos en su madre mientras esta se acaba de sentar en el sofá – “¿Y por qué sabes que lo que le pasa a Rocío no es importante?”

-          “Porque seguramente será por algo que ha pasado en el cole y ya se le habrá olvidado…”

-          “A mí no se me ha olvidado que ella estaba triste, mamá  ¿Por qué a ella se le va olvidar por qué lo estaba?”
 

-          “Está bien, Carely ¿Y qué quieres que haga yo?”

-          “Nada, mamá…Sólo te lo contaba...  Yo... le he dejado a  Suavín”



 AMAR no es sólo QUERER
es también
COMPRENDER
y
CONECTAR

   La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, acercarse a lo que siente sin la necesidad de que lo exprese, intentando entender su momento en un ambiente de respeto.

   Aprender a ser empáticos es un gran avance en nuestra capacidad de relacionarnos con nuestros semejantes, de ser capaz de ayudarlos sin juicios dañinos.

   Cuando los niños son muy pequeños piensan que son el centro del mundo, que todo gira alrededor de ellos, poco a poco van identificándose con las emociones de los otros, de los personajes de los cuentos, por ejemplo, de esta manera comienzan a desarrollar la capacidad de empatizar.

   Los niños y niñas aprenden con el ejemplo de los adultos. Aprenden imitando sus comportamientos. Si los adultos prestamos atención a las cosas que les ocurren y les hacemos ver que nos importan y tenemos en cuenta sus opiniones, con seguridad, haremos que sean empáticos con los demás. Las situaciones cotidianas son la escuela para el aprendizaje de la empatía.

   Son muchas las ocasiones en que los adultos llegamos a convertirnos en padres y madres con la capacidad de empatía dañada. Cuando fuimos niños puede ser que no fuéramos escuchados, que no fuéramos respetados en nuestras opiniones que se negaran nuestros sentimientos y emociones, que se minimizaran nuestras necesidades de consuelo o no se valoraran nuestras muestras de cariño.

   Como en tantas otras cosas, si queremos que nuestros niños y niñas sean empáticos volvamos la vista hacía nuestro interior, curemos nuestros pequeños o grandes daños emocionales o al menos seamos conscientes de ellos como un primer paso para la cura y nos convertiremos en el adulto acompañante que nuestros niños merecen tener.

Dedicado a Alicia y ese muñeco que ella adoraba.