Su éxito pedagógico demostró que un modelo laico y moderno era viable, llegando a inspirar la creación del Ministerio de Instrucción Pública en 1900
Se crearon centros claves como la Junta de Ampliación de Estudios en 1907 que llevaría a crear la Residencia de Estudiantes en 1910 y la Residencia de Señoritas en 1915, formo a mentes brillantes de la generación del 98 y del 27.
La ILE desarrolló una estrategia a largo plazo, como no puede ser de otra manera al hablar de educación. En lugar de buscar el poder político inmediato, se centraron en formar a las futuras élites del país. Al cabo de dos décadas se habían infiltrado pacíficamente, antiguos alumnos de la ILE ocupaban puestos clave en la judicatura, la medicina y la prensa y cuando los liberales recuperaron el gobierno, el Estado no pudo ignorar su éxito y acabó adoptando sus proyectos para modernizar España.
Su máximo apogeo llegaría con la II República entre 1931 y 1936, las ideas de la ILE se convirtieron en la política educativa oficial del nuevo gobierno.
Se crearon las misiones pedagógicas que llevó educación y cultura a pueblos aislados, además de impulsarse la construcción masiva de escuelas y la formación digna de los docentes.
Su metodología se basaba en la corriente filosófica del
krausismo, buscando la formación de personas integras.
Fue pionera en implantar la coeducación, aulas mixtas con
alumnos y alumnas.
Estableció el método intuitivo, eliminando los exámenes de memoria, los libros
de texto rígidos y los castigos e introdujo las excursiones a la naturaleza,
las visitas a museos y el deporte.
Los personajes clave que impulsaron y dieron forma a esta institución fueron:
Por supuesto Francisco Giner de los Ríos fundador y alma mater y principal figura de la ILE. Filósofo y pedagogo, fue el introductor del krausismo en España y el arquitecto de este modelo educativo que priorizaba la experimentación frente a la memorización.
Junto con él Nicolás Salmerón y Gumersindo de Azcárate fueron los iniciadores del proyecto. Nicolás Salmerón fue profesor y político, llegando a ser presidente de la Primera República. Separado de su cátedra por defender la libertad de cátedra, al igual que Giner. Gumersindo de Azcárate fue jurista, historiador y político y uno de los baluartes intelectuales de la Institución.
Manuel Bartolomé Cossío fue discípulo directo de Giner y figura esencial. Tomó las riendas de la ILE tras la muerte de su fundador y destacó por su labor pedagógica y su profundo amor por el arte y el excursionismo escolar. Junto con él, Hermenegildo Giner de los Ríos, primo de Francisco fue un activo pedagogo dentro de la Institución llevando a cabo un trabajo clave en la adaptación de metodologías europeas y en la promoción de la coeducación. Ricardo Rubio Álvarez de Linera fue pedagogo y profesor de botánica, amigo inseparable y mano derecha de Cossío en el cuadro rector y administrativo de la Institución y el Museo Pedagógico Nacional.
Santiago Ramón y Cajal: Premio Nobel, fue una figura capital muy ligada a la ILE y presidente de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), organismo creado para enviar a jóvenes intelectuales al extranjero.
María de Maeztu: Pedagoga fundamental, impulsó la Residencia de Señoritas, un organismo bajo la influencia directa de la ILE, con el objetivo de convertirse en el primer centro oficial en España destinado a fomentar y facilitar el acceso de las mujeres a la enseñanza universitaria y superior. Bajo su dirección este centro funcionó de manera ininterrumpida como el equivalente femenino de la Residencia de Estudiantes hasta el estallido de la Guerra Civil.
Alberto Jiménez Fraud: Fue el director de la Residencia de Estudiantes, el gran punto de encuentro e intercambio de intelectuales. Bajo el amparo de la ILE y la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), Jiménez Fraud logró materializar el ideal del filósofo Francisco Giner de los Ríos: forjar un ambiente de libertad intelectual, excelencia científica y vanguardia artística que definió a la España de la "Edad de Plata"
La Iglesia católica y los sectores conservadores vieron en la Institución Libre de Enseñanza (ILE) una de
las mayores amenazas para la identidad nacional. Para el estamento
eclesiástico, la ILE no era un simple experimento pedagógico, sino el emblema
de la "escuela sin Dios" y el catalizador de la pérdida de la fe
en España. La Iglesia rechazaba tajantemente la neutralidad
religiosa de la ILE. Sostenía que una educación que no situara a Dios y al
dogma católico en el centro del aprendizaje era intrínsecamente inmoral y
corruptora.
Intelectuales católicos y sacerdotes publicaron
numerosos artículos en prensa condenando las escuelas laicas.
Figuras clericales como Andrés Manjón fundador de las Escuelas del Ave María (modelo pedagógico católico creado expresamente para competir con la propuesta laica) lideraron encendidas protestas públicas
calificando los métodos de la ILE como un "veneno" para la juventud y desde los altares se
llegó a desaconsejar o prohibir directamente a las familias católicas
llevar a sus hijos a la institución, bajo la advertencia de que ponían en
riesgo la salvación de sus almas.
La propuesta de la ILE de que niños y niñas
compartieran espacios, excursiones y lecciones fue calificada por la Iglesia de
"atentado contra el pudor" y las buenas costumbres.
La Iglesia defendía el
modelo memorístico tradicional y la disciplina escolástica. Las
excursiones al campo, el deporte y la observación directa de la naturaleza
promovidos por la ILE se percibían como una influencia "pagana"
y descuidada.
Para frenar el avance cultural de la ILE, la
Iglesia impulsó con fuerza sus propias órdenes docentes (como los Jesuitas
o los Agustinos) multiplicando
la apertura de colegios católicos privados. El clero presionó constantemente a los
sucesivos gobiernos de la Restauración para que mantuvieran la
obligatoriedad de la asignatura de religión y la inspección eclesiástica
en todas las escuelas públicas
Lejos de entrar en el insulto o la confrontación
directa de folletín, la estrategia defensiva de Giner de los Ríos y sus
colaboradores se basó en el "silencio digno" y la superioridad
metodológica. A través del BILE , su boletín oficial decidieron ignorar la provocación y contraatacar con evidencias científicas. La consigna de la ILE fue no contestar a los
insultos nominales ni a los libelos religiosos para evitar darles
publicidad y legitimidad. Respondían publicando ensayos pedagógicos
modernos, traducciones de Europa y crónicas de sus actividades y
excursiones. Dejaban que los resultados educativos hablaran por sí mismos.
Ante las acusaciones de "masonería" o
"fábrica de ateos", el BILE reiteraba constantemente su principio
estatutario: la institución no era anticatólica, sino neutra.
Defendían que el respeto a la conciencia de la persona implicaba no imponer dogmas
ni estatales ni eclesiásticos.
Incluso tras el fallecimiento de Giner de los Ríos en 1915,
cuando poetas como Antonio Machado le dedicaron elegías llamándolo "santo
laico", los sectores integristas reaccionaron con opúsculos y hojas
parroquiales indignadas. Para el catolicismo ultramontano, el concepto de un
"santo" que no fuera católico era una blasfemia intolerable, por lo
que publicaron textos recordando que Giner de los Ríos moría "fuera de
la verdadera fe" y que su legado no era la luz pedagógica, sino "la
oscuridad del error y la apostasía".
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| Francisco Giner de los Ríos en clase |
El relato de lo que pasó tras el golpe de Estado de 1936, la guerra civil y los terribles años posteriores de dictadura franquista quiero comenzarlo con una fotografía que realicé cuando visité en 2019 la exposición "Madrid, ciudad educadora (1898-1938). Memoria de la escuela pública" que fue una muestra histórica muy interesante organizada por el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Ángel Llorca y que se exhibió en el Museo de Historia de Madrid.
Al terminar la Guerra Civil en 1939, el régimen de
Franco aplicó una política de "tierra quemada" cultural contra
todo el legado institucionista: La ILE fue ilegalizada
formalmente mediante la aplicación de decretos de incautación de bienes
por considerarla opositora al nuevo Estado. Sus sedes (como los edificios
del Paseo del General Martínez Campos en Madrid) fueron confiscadas y
entregadas a organismos de la dictadura.
Se llevó a cabo un expolio artístico y
documental: Se confiscaron
archivos, bibliotecas y obras de arte. Como muestra histórica de este
expolio, el retrato oficial Don Francisco Giner de los Ríos, niño realizado por el pintor Manuel Ojeda fue arrancado de la sede de la ILE en 1940 por las
fuerzas franquistas.
Su restitución formal en 2024, 84 años después a la Fundación Francisco Giner de los Ríos marcó la primera devolución de arte incautado por motivos políticos que ejecuta el Ministerio de Cultura español en aplicación de la Ley de Memoria Democrática, convirtiéndose en un símbolo.
Hubo quema y censura de
libros: Las obras escritas por
Giner de los Ríos, Sanz del Río o Cossío fueron incluidas en las listas
negras de la censura eclesiástica y gubernamental. Sus libros de pedagogía
jurídica y social fueron retirados de las bibliotecas universitarias y
escolares.
Se "depuraron" maestras y maestros: Las comisiones
depuradoras no solo persiguieron las ideas, sino a las personas. Miles de
maestros nacionales inspirados por la pedagogía de la ILE fueron
fusilados, encarcelados o inhabilitados de por vida, bajo la acusación
formal de aplicar métodos "marxistas, laicos y
antipatrióticos".
La purga, iniciada por la Ley de Depuración de la Enseñanza, afectó a casi un tercio del cuerpo docente. Cerca de 20.000 docentes sufrieron inhabilitación temporal o definitiva, suspensión de empleo y sueldo, o destierro a otras provincias.
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"La última lección del maestro" Alfonso Rodríguez Castelao |
Investigaciones recientes basadas en bases de datos como Memoria Histórica han recopilado más de 564.000 expedientes de depuración en diferentes niveles educativos. No existe un censo único y oficial sobre el número de docentes que fueron víctimas de la represión mortal (ejecutados o paseados). Las cifras varían según la región. En la provincia de Guadalajara donde vivo, las investigaciones históricas basadas en el análisis de las comisiones depuradoras arrojan los siguientes datos concretos sobre la purga ejercida contra el magisterio tras la Guerra Civil:
Se han analizado y documentado exhaustivamente 812 expedientes de depuración en la provincia, que engloban a 756 maestros y maestras en activo en ese momento y a 56 alumnos y alumnas de la Escuela Normal (futuros docentes). Debido a que Guadalajara quedó dividida en dos zonas durante el conflicto (nacional en el norte y republicana en el sur), la intensidad de la revisión fue muy estricta al acabar la guerra.
De los expedientes procesados, un total de 191 personas fueron sancionadas (180 maestros y 11 estudiantes de magisterio).
Aproximadamente el 40% de los sancionados sufrió la pena más grave, siendo expulsados de forma fulminante y definitiva del cuerpo de maestros. El 60% restante de los castigados recibió sanciones de inhabilitación temporal, suspensiones de empleo y sueldo o traslados forzosos de localidad.
Para terminar esta 2ª parte de los intentos de modernización de la educación en España, una cita del historiador Josep Fontana que forma parte del prólogo del libro: Diccionario del Franquismo, protagonistas y cómplices (1936- 1978):
"Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestras y maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestras y maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros".
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