UBUNTU, en la cultura Xhosa, significa: “Yo soy porque somos”.
Queremos soñar desde nuestra clase de Educación Infantil un mundo donde vivir el compañerismo, no ser rivales sino avanzar de la mano, sabiendo que lo que cada cual aporta es una oportunidad de crecimiento para si y para el conjunto del grupo.
Queremos ver al resto de personas como una posibilidad para colaborar, no para competir y pelear y queremos aprender y llegar muy lejos valorando y respetando nuestras diferencias.
El mundo se está convirtiendo en un lugar difícil, competitivo y lleno de tensiones. Produce bastante desasosiego escuchar las noticias, ver tanto sufrimiento causado por personas poderosas, ambiciosas y carentes por completo de empatía...
Cuando nos adentramos en la crianza, en muchas ocasiones el instinto natural por el temor que nos produce que puedan sufrir nuestros hijos e hijas es preparar a LA INFANCIA para "sobrevivir" en esa selva, enseñándoles a ser los más rápidos, los más fuertes, los mejores...
Sin embargo, si nos detenemos a reflexionar sobre las palabras de María Montessori, descubrimos una verdad incómoda pero esperanzadora: la paz no es algo que se firma en tratados, es algo que se cultiva en el salón de casa.
El espejismo de la competencia
Desde la infancia, a veces sin darnos cuenta, fomentamos la competencia: "¿Quién llega primero al coche?", "Mira cómo tu hermano ya terminó los deberes y tú no". Aunque parezcan juegos inocentes, estamos instalando la idea de que el éxito depende de superar a quien tenemos al lado. Según Montessori, este es el germen de cualquier guerra, porque divide el mundo en ganadores y perdedores, en "unas personas" contra "otras".
De la competencia a la cooperación Ubuntu
Educar para la paz significa cambiar el enfoque. No se trata de que nuestros hijos e hijas no tengan ambiciones, sino de que su ambición sea contribuir, no destacar. Cuando un niño ayuda a su hermano menor a vestirse, o cuando en familia resolvemos un problema escuchando todas las voces, estamos practicando la paz real.
Y de igual manera en la escuela, no siempre quien obtiene los mejores resultados es quien más se ha esforzado. Observa como maestra los procesos, los avances, las actitudes amables, la colaboración.
¿Cómo podemos empezar hoy mismo?
Sustituir la rivalidad por la solidaridad: En lugar de premiar al "mejor", celebremos los momentos en los que se han ayudado mutuamente. La frase clave es: "¿Cómo podemos hacer esto en colaboración?".
Validar el sentir de otras personas: La paz comienza por la empatía. Si un miembro de la familia del grupo del aula está triste o preocupado, compartir ese sentimiento, eso hace que desde la infancia se entienda que nadie es una isla.
Modelar el diálogo: Los niños y niñas no hacen lo que decimos, imitan lo que hacemos. Si resolvemos nuestras diferencias con respeto y sin violencia verbal, les estamos dando las herramientas para que hagan lo mismo cuando se enfrenten a situaciones parecidas
La verdadera educación para la paz
Como decía Montessori, el día que eduquemos para cooperar, ese día estaremos educando para la paz. La familia es el laboratorio más importante de la humanidad. Si dentro de nuestras paredes sustituimos el "yo primero" por el "yo soy porque somos", estaremos enviando al mundo ciudadanos capaces de construir puentes donde otros solo ven muros.
La paz no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de resolverlo mediante el diálogo y el respeto. Empecemos hoy, en la mesa, en el juego y en el abrazo.
El error como oportunidad.
En una cultura de competencia, el error se castiga y se oculta, lo que genera ansiedad y frustración (el caldo de cultivo de la violencia). Educar para la paz implica enseñar que equivocarse es parte del aprendizaje. Cuando no se tiene miedo a fallar, no se necesita atacar a otros para sentirse superior.
Cambiemos el "¿Qué has hecho mal?" por el "¿Cómo podemos arreglarlo juntos?". Esto fomenta la responsabilidad reparadora en lugar de la culpa destructiva.
La paz interior: El silencio y la calma
Montessori introdujo el famoso "Juego del Silencio" no como un castigo, sino como una forma de encontrar el propio centro, de encuentro con si mismo Un niño o una niña que sabe estar en calma en si misma no necesita buscar ruido o conflicto para reafirmarse.
Cread "momentos de pausa". No se trata de estar callados por obligación, sino de disfrutar juntos de un minuto de respiración, de observar una vela o de escuchar los sonidos del entorno. La paz externa nace de una mente que sabe habitar el silencio.
El Concepto de "Servicio"
La solidaridad no es solo un concepto abstracto; es una acción. Si observamos a la infancia veremos como sienten una profunda alegría cuando son útiles a los demás.
Involucrad a la infancia en tareas que beneficien a toda la familia o a la comunidad (preparar algo para un vecino, cuidar una planta común, donar juguetes). Sentirse necesario para el bienestar del grupo es el antídoto más poderoso contra el egoísmo competitivo
"Si la educación se viera como algo que ayuda a la vida, notaríamos que el fin último no es el éxito individual, sino la armonía colectiva".
Al aplicar estos principios, no solo estamos evitando "guerras" futuras, sino que estamos regalando a nuestros hijos e hijas una brújula ética. Una brújula que les dirá que su valor no reside en cuántas personas dejan atrás, sino en cuántas manos son capaces de sostener durante el camino.
Y esto es en lo que a mi juicio debería consistir EL DÍA DE LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA EN LOS COLEGIOS, en hablar de esto en las aulas, en transmitir PAZ verdadera y, en muchas ocasiones lo convertimos en días con actividades bulliciosas que terminan excitando tanto a menores como a docentes y que, en absoluto consiguen el objetivo deseado. Únicamente se busca la vistosidad, la apariencia, que "luzca bonito" con música, bailes y palomas de todas las maneras confeccionadas...
¡Qué triste si ese día nos vamos a casa con menos PAZ que nunca, con todo lo que la necesitamos!
“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz,
la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra.”
Es la ley de la semilla, lo que siembras, verás crecer,
siembra rivalidad, la guerra vas a tener.
“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz,
“a gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra.”
Es la ley de la semilla, lo que siembras, verás crecer,
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